2-3-2012 | Al exconscripto pampeano Jorge Gaitán le tocó sobrevivir al hundimiento del crucero "Belgrano", pero las últimas horas del naufragio casi lo derrotan. Lo salvó la fe y la vivencia le dio fortaleza para afrontar el futuro.
"El crucero fue mi casa", dice Gaitán.
Por Gustavo Pereyra
J
orge Gaitán es juez de Paz en General Pico, La Pampa, su ciudad natal. Pero hace 30 años integró la Compañía de Artillería del crucero ARA "General Blegrano", durante la guerra de 1982 con Gran Bretaña por las islas Malvinas.
Era un conscripto de 20 años cuando llegó al buque, el mismo día que iba a partir al teatro de operaciones: "Llegué a la dársena de Puerto Belgrano y el crucero me impactó por su hermosura. Fue un amor a primera vista", recuerda.
Ese día era un martes 13 de abril. Llovía torrencialmente. El crucero zarpó en medio del temporal pero en la boya de acceso al canal de entrada a la dársena tuvo que volver a su apostadero habitual por desperfectos en las máquinas de popa. Finalmente, zarpó rumbo a Ushuaia el jueves 16.
Como artillero, Gaitán se desempeñó en las Torres 1 y 3 y en Antiaérea de babor, lugar donde había estado haciendo guardia el 2 de mayo, horas antes del ataque al "Belgrano".
"Al mediodía nos dieron orden de ir a descansar. Sólo quedó el grupo de gente al que le correspondía hacer guardia en ese horario —cuenta—. A mí me tocaba entrar a las 20, entonces me fui a dormir a mi sollado, que estaba cerca de proa entre las Torres 1 y torre 2."
En el momento en que impacta el primer torpedo del submarino británico, Gaitán estaba durmiendo: "Me despertó una gran explosión, el barco se detuvo en el instante y un gran silencio nos invadió por unos segundos. Oscuridad. Me pude largar de mi cama gracias a que un compañero iluminó con un encendedor."
Con lo poco que llevaba puesto y una frazada empezó a subir las escaleras, cuando desde proa se sintió una nueva explosión que hizo escorar al buque. Era el segundo torpedo que lanzó el HMS "Conqueror".
A lo último, la fe
En cubierta se encontró con mucha gente con menos ropa que él. Había un suboficial con el torso desnudo: "Le di mi frazada y me quedé en camiseta, calzoncillos y medias".
Y aunque en su balsa eran 18, suficientes para mantener la temperatura, el mal tiempo arreciaba: "El frío se había apoderado de nosotros y sólo un milagro como el que sucedió nos podía salvar". El mar los sacudía con violencia y Gaitán apenas podía leer un Testamento, alumbrándose con una linterna.
"Nuestra moral estaba muy caída. Sólo quedaba esperar —ya habían pasado 36 horas a la deriva y el temporal no aflojaba—. Mis últimas palabras fueron 'Señor, en tus manos estamos'. Nos sentíamos muy débiles, sin haber comido ni bebido nada". En esas condiciones, no sabe qué hubiese pasado si el naufragio se hubiera extendido unas horas más.
Los rescató el aviso ARA "Gurruchaga", el martes 4 de mayo, a las 2 de la madrugada.
"Fue increíble ver las luces de nuestros barcos que venían a salvarnos. La alegría se apoderó de nosotros y fui el primero en ser rescatado, a pedido de mi jefe". Gaitán estaba congelado y no podía caminar.
En el "Gurruchaga" buscó a sus compañeros de La Pampa. No encontró a ninguno: "Sentí mucha tristeza por nuestros hermanos muertos".
"¿Qué me dejó el crucero? Amigos, hermanos, padres, hijos... El 'Belgrano' fue mi casa —asegura—. Me enseñó a ser solidario y me dio mucha fortaleza para encarar el futuro."
"El crucero nada me quitó. Y a los héroes los recordaré hasta el último día de mi vida".
Gaitán se guarda para sí el mejor recuerdo del "Belgrano": "El compañerismo que existió y existe entre su tripulación".
Para él, el "Belgrano" vive.