1-3-2012 | El exconscripto puntaltense Raúl Morante es un sobreviviente del "Belgrano". El buque y su última tripulación son una parte imborrable de su vida.
"No quería navegar. Pero era mi destino", dice Morante.
Por Gustavo Pereyra
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aúl Morante, 48 años, de Punta Alta, es un sobreviviente del crucero ARA "General Belgrano", hundido el 2 de mayo de 1982, durante la guerra con Gran Bretaña por las islas Malvinas y desde hace 30 años, enarbola el estandarte de la memoria de su última tripulación en todos lados.
Es una parte ineludible de su vida, porque para él es su segunda familia y porque la epopeya del buque y de sus héroes no puede perderse.
“Del crucero recuerdo todo. Es una marcar que voy a llevar hasta que me muera”, asegura.
Dice que los recuerdos cobran más fuerza cuando se aproxima la fecha y que su paso por el "Belgrano" fue obra del destino. Y lo acepta así.
Su destino
Morante fue el único conscripto de Punta Alta destinado al crucero "Belgrano". Le había tocado la colimba en la Marina –había salido sorteado con el número 962– y como era de Punta Alta y estaba estudiando, quería que le tocara un destino en tierra.
“Me acuerdo que un suboficial compañero de mi viejo le dijo que me iba a dar una mano, que me iba a acomodar en algún destino donde no tuviera que navegar —cuenta—. Y me mandó al crucero."
Llegó al buque el 1º de agosto de 1981: "Era un sábado. Y ese mismo día zarpó. Me quería morir". Navegaron hasta bahía Camarones, Puerto Madryn y Ushuaia en un ejercicio. Pero la navegación que le marcaría la vida iba a llegar meses más tarde: la última navegación del crucero ARA "General Belgrano".
El día del ataque al crucero cubría guardias de vigía, de 8 a 12, en el puente de comando. Cuenta que salía de las guardias, comía y se acostaba a dormir. Aunque ese 2 de mayo no pudo.
"En los cambios de guardia te prendían la luz, hacían ruido. Yo me desperté cerca de las 3 de la tarde, me puse el pantalón, la remera blanca y agarré el jarrito de aluminio para ir a tomar mate cocido al comedor", cuenta.
El primer torpedo lo agarró allí, sentado: "Si me hubiese quedado en el sollado de conscriptos, hoy no estaba contando esta historia".
Su relevo en las guardias, el conscripto Pedro Horszarsaruk, falleció. "Después del hundimiento, el padre me buscó y me preguntó por qué yo me salvé y su hijo no. Yo tenía 18 años y no sabía qué decirle. Creo que fue el destino."
36 horas
Morante permaneció durante 36 horas a bordo de la balsa número 8, junto a otros 14 náufragos, hasta que los rescató el aviso ARA "Gurruchaga".
"Eran las 3 o 4 de la madrugada del 4 de mayo —rememora—. El barco se nos puso al lado. Yo estaba en la puerta de la balsa y al agua que caía del buque la sentíamos tibiecita."
Uno a uno, los subieron al buque y los mandaron a un pasillo, cerca de la cocina. Del frío que habían pasado en esa balsa, al mate cocido con leche que les dieron también lo sentían tibiecito, aunque estuviera hirviendo. La dotación del "Gurruchaga" les dio todo: "Hasta ropa de sus taquillas nos dieron".
Después arribaron a Ushuaia, donde los atendieron y los mandaron en avión a la Base Aeronaval Comandante Espora y de ahí al centro de incorporación Campo Sarmiento, en la Base Naval Puerto Belgrano, donde hoy está emplazada la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESSA).
"Cuando llegué, me estaban buscando mi mamá y mi novia. Ya sabían que estaba vivo —cuenta—. Ellas lloraban. Me contaron que mi vieja me abrazaba y yo era como que no la conocía. Estaba como frío."
Al otro día se fue caminando hasta su casa en el barrio Nueva Bahía Blanca. Le quedaban 3 meses para terminar el servicio militar. Le dieron 15 días de licencia.
"Los vecinos me veían raro. Mi casa era un mundo de gente. Yo estuve 3 o 4 días tirado en la cama. No me quería levantar, ni comer —recuerda—. Y de un día para el otro, me levanté a jugar a la pelota."
Salvación
Raúl Morante dice que el fútbol, la familia y los amigos lo salvaron. Entiende bien a los extripulantes que no pueden hablar de lo que vivieron en el hundimiento del buque, pero él siente que tiene el deber de difundir su experiencia: "Para que no se pierda lo del crucero".
Por eso va a todas las charlas que puede y está en todos los actos, encuentros y aniversarios.
"Agrupar al buque fue idea de Héctor Bonzo [el último comandante]. Todos los años quería juntarnos a todos".
Además, integró la delegación puntaltense de la Asociación Amigos del Crucero Belgrano, entre otras, y hasta navegó al lugar del hundimiento del buque, acompañando a la infructuosa expedición de la National Geographic Society que quiso hallar los restos del crucero. Ahora, quiere viajar a las Malvinas. "Las conozco por fotos, nada más", cuenta.
Opina que desde hace unos 10 años la memoria del "Belgrano" está arraigándose en la gente, sobre todo en los más chicos: "Antes no le daban importancia; pero hoy en las escuelas a las que vamos les preguntás y saben cuándo lo hundieron y por qué. Se saben más cosas de la guerra de Malvinas".
"¿Qué me dejó el crucero? Muchos amigos y compañeros. Algunos ya no están", dice.
Ahora tiene 48 años, está casado con su novia de aquella época, con quien tiene 3 hijos: "El mayor se está entusiasmando con el tema del 'Belgrano'. Y estamos empezando a que nuestros chicos se pongan en contacto y se pasen correos electrónicos, para que cuando uno no esté, lo del crucero no se pierda. Porque lo del crucero es una familia".