18-10-2010 | El 25 de octubre de 1927, el trasatlántico Principessa Mafalda se hundió con la vida del conscripto y de otras 300 personas.
Retrato del conscripto Anacleto Bernardi.
El vigésimo quinto viaje de la fragata
Sarmiento se inició el 29 de mayo de 1927.
Después de navegar por la costa africana, el navío continuó su derrotero por el mar Mediterráneo. Allí recibió la orden de participar de los actos que se realizaban en Génova con motivo de la inauguración de un monumento al general Manuel Belgrano. El 5 de octubre, la fragata arribaba a Génova y se unió a las celebraciones por aquel acontecimiento, tan relevante que contó con la presencia del rey italiano, Víctor Manuel III y del constructor de la base Puerto Belgrano, ingeniero Luis Luiggi.
En este contexto fue donde el comandante del buque escuela, capitán de fragata Honorio Acevedo, decidió enviar a Buenos Aires al conscripto Anacleto Bernardi y al cabo principal Juan Santoro, ante el agravamiento de la pulmonía que habían contraído durante el viaje y la inutilidad de los cuidados brindados en el buque.
En el puerto genovés se realizaron los trámites necesarios para que Bernardi y Santoro embarcaran en el trasatlántico
Principessa Mafalda, el cual zarpaba en breve con destino a la capital argentina. El personal de la fragata
Sarmiento y los pasajeros del buque desconocían que este navío se encontraba con problemas de estructura, lo cual había motivado reparaciones de último momento y la demora de casi seis horas para abandonar la dársena italiana.
Sin embargo, los arreglos realizados al
Principessa Mafalda no fueron suficientes. Cerca de la costa del estado brasileño de Bahía se hizo evidente que el buque no llegaría a destino. Notificados de esa situación, Bernardi y Santoro se presentaron ante el capitán Simón Gulí y ofrecieron su colaboración, aún en el estado de convalecencia por la enfermedad que los aquejaba. Mientras se preparaban los primeros botes, ambos procuraron tranquilizar al pasaje, recorriendo el interior de la nave, embarcando gente, arriando botes y negándose a ocupar lugar en ellos por su condición de marinos.
Al cabo de varias horas, el
Principessa Mafalda se hundió, llevándose consigo la vida del conscripto Bernardi, y de trescientas personas más. Era el 25 de octubre de 1927.
Un mes después, el cabo principal Santoro, sobreviviente de la tragedia, participó del homenaje que la Armada Argentina organizó para recordar a su compañero. Señalaba en el mismo el Dr. Benjamín Villegas Basavilbaso:
“Queda así explicada la razón de este homenaje a la noble Institución que tiene a su custodia el patrimonio marítimo argentino y forma varones capaces de enaltecer la dignidad de la república (…). Cuando el viajero cruce las aguas donde un conscripto de la Armada dio su vida por salvar la ajena, evoque con recogimiento su memoria”.
Enterado del episodio, el comandante de la fragata
Sarmiento, mientras regresaba al país y en el lugar del hundimiento, rindió homenaje al conscripto y a las víctimas de aquella tragedia, dejando una corona de flores en su honor.
En recuerdo a estos sucesos y honor a la memoria de Bernardi, la Armada Argentina, instituyó el día del conscripto para el 25 de octubre.